foto: Diego Vigna
"Tratar de ser feliz es un acto de fuerte resistencia política"
Gustavo Blazquez se pasó dos años junto a una banda de cuarteto. De esa nutrida experiencia del baile nació su último libro: Músicos, mujeres y algo para tomar, editado por Recovecos. Lo que en principio, sería un trabajo de investigación, se convirtió en una invitación imprescindible para acercarse, aunque sea desde la lectura, al fascinante mundo de los cuartetos.
Como nunca antes había pisado un baile, lo primero que hacía Gustavo al levantarse era encender la radio. Radio Suquía o LV3 Cadena 3 lo acompañaron durante todo el trayecto. “A través de la escucha de programas como La mañana con todos o Música con todos, recoleté la información por medio de la cual fui construyendo el calendario de los bailes”.
La mayor parte del tiempo trató de comportarse y seguir con cierta fidelidad a una banda. Por un lado, por razones de practicidad, por otro, para sentir el baile desde la intimidad del fanático. Así, junto a Trulalá, confirmó lo que para muchos es una obviedad, que el cuarteto no es música para sentarse a escuchar, sino, principalmente, para bailar. Y lo más importante: “Me la pasé con personas que producen alegría, las personas van al baile y son felices. Eso me hizo muy bien”.
CUESTIÓN DE GÉNERO
El tipo de coregrafía, la clara separación entre varones y mujeres, las ronditas que se arman, fue lo que más le atrajo de los bailes: “No llegué por un interés en la música, ni en la historia, ni en el carácter cordobés que tiene el cuarteto, sino porque era un buen espacio para entender qué sucedía cuando las personas bailaban”.
Gustavo pensaba que el baile sería un ámbito ideal para reflexionar sobre una idea previa que venía trabajando: “Que los sentimientos y pensamientos se construyen a través de poner el cuerpo en movimiento”. Y es que “cuando los chicos bailan, antes que nada, aprenden a ser varones, a exhibirse y a mirar como varón heterosexual, y lo mismo sucede con las mujeres”.
Al final del libro te referís a eso, como si en mundo de los cuartetos, y a ciertos sectores sociales, se les impusiera la heterosexualidad de una forma más marcada que a otros. ¿Es así?
Toda la investigación parte de una hipótesis más fuerte en términos políticos, y es que la heterosexualidad es una forma de dominación de los sectores populares. No me refiero a con quien mantienen relaciones sexuales las personas, sino a la obligación de pensarse, representarse y tener que actuar como heterosexual. Eso se impone con más fuerza en los sectores populares que en las clases medias, donde la homosexualidad es más permitida y “aceptada”.
SOY CORDOBES
El cuarteto es un fenómeno cordobés, sin embargo, hay sectores de la población que apenas o nunca han experimentado un baile. Es decir, una gran parte de los cordobeses reniega de esta “marca registrada” de cuartetero.
Porque ser cuartetero no deja de ser negro. O sea, el cuarteto es cordobés en tanto es negro cordobés. Y hay otras maneras de ser cordobés que es a la Docta. Esa tradición doctoral que ha hecho a Córdoba y que la Universidad reproduce junto a las instituciones del Estado. En la actualidad, es mucho más rentable la Córdoba negra que la Córdoba Docta. Produce mucho más divisas la venta de discos que la venta de bienes intelectuales producidos por la Universidad. El problema es que esa tradición doctoral es la que ocupa cargos en el poder, aunque se apoya en la del “negro” cuando tiene que construir una identidad, porque es la identidad más rentable. Y la que da más votos.
Se podría pensar al cuarteto como una doble marca de identidad un tanto contradictoria, hacia dentro de Córdoba funciona quizá como un límite de clases, pero hacia afuera se vuelve un símbolo de unidad. Para afuera todos los cordobeses son cuarteteros.
Al hacerse ese proceso de inventar una identidad, lo que tiende a negarse son las divisiones internas. Todo el discurso político y mediático, incluso de los propios cordobeses, habla del cuarteto como símbolo de identidad y de cómo nos identifica, pero nunca se habla de cómo el cuarteto nos diferencia hacia dentro. Porque el cuarteto diferencia a las personas entre negros cuarteteros y chetos. Al mismo tiempo, dentro del cuarteto, hay diferencias. No hay un solo cuarteto, lo que hay son cuartetos. Entonces para alguien que va a La barra y baila cuarteto, no hay nada más negro que los de La mona, y los negros de La mona tienen sus propios negros. El cuarteto forma parte de toda una serie de mecanismos de diferenciación social.
¿Pero cuánto tiene que ver este estilo musical con nuestra propia identidad?
Y eso es una gran construcción, un gran invento. El cuarteto es la única industria cultural rentable del interior del país. Es una industria que no depende de Buenos Aires, y eso es producto del trabajo y del saber intuitivo de esos grandes productores musicales que han sido y que son los empresarios del cuarteto. Son empresarios maravillosos en términos capitalistas. Consiguen construir y vivir de un mercado local, sin depender de Buenos Aires. Y eso se ha ido construyendo en un proceso creciente de legitimación, acompañado del poder político que encuentra en el cuarteto un nuevo espacio de manipulación de los sectores populares. El éxito de Chébere no puede ser separado de la apertura democrática, del espaldarazo que recibe del Radicalismo. El éxito de Jimenez no puede ser pensado en un contexto que no sea el del menemismo, y del lugar que en el menemismo ocupan las figuras deformes y graciosas, desde el propio Menem, pasando por Ricky Maravilla, el soldado Chamamé, y La mona Jimenez.
RESISTIR ES BAILAR
En tu libro también hablás de la última dictadura, cuando pronunciar la palabra “cuarteto” era mala palabra. En general, ¿puede ser considerada música de resistencia en términos políticos?
Mientras se baile, se ponga le cuerpo en movimiento, ya se está resistiendo. Los momentos de mayor agitación política en la historia argentina también han sido los momentos de mayor agitación de los cuerpos y del baile. Los `70 han sido un momento de gran expresión musical, de mucho baile, mucha fiesta, mucha diversión y mucha calle. Quizá la ceguera de muchos analistas políticos que tienden a ver política sólo donde aparece la palabra política, no pueden ver el carácter de resistencia que hay en el bailar, noche tras noche, y gastarse toda la guita en joda. Buscar ser feliz me parece una de las cosas de mayor resistencia política, porque lo que el poder busca es que te amargués.
A veces cuesta encontrar en el cuarteto el mismo compromiso político de otros estilos musicales, como el rock. Quizá algunas letras de La mona puedan disparar algunas problemáticas.
A mi me parece, por el contrario, que las letras de La mona son las más reaccionarias, porque construyen tipos sociales: el marginal, el justiciero, el drogón, dándole a la pobreza cierta belleza, y la pobreza no tiene nada de bello. Las letras de La mona no modifican las condiciones de vida de los sujetos como sí modifican la condición de vida del sujeto las letras que son más fiesteras, que juegan con el sexo, que generan erecciones, calentura, vida. Quizá tienen más potencial transformador que esas otras letras que son descriptivas de las condiciones sociales o adversas, dotadas de cierto brillo y belleza.
DESTACADOS APARTE:
¿El cuarteto es nuestra marca registrada?
El cuarteto no es cordobes, se va hacienda cordobés y para hacerse cordobés tiene que contarse una historia. La historia oficial no dice que el primer disco de cuarteto se editó en Rosario, porque queda mal. No se dice que esa primera presentación de La Leo el 4 de junio de 1943 posiblemente no haya existido, porque ese día a la mañana había sido el Golpe de Estado. Ahora queda señalado el 4 de junio como el día del cuarteto. La historia que siempre tiene un lado mágico, el lado de lo impensable, hace que Manolito Cánovas, el fundador de Trulala, muera el 4 de junio, reconfirmando una vez más el carácter sagrado de esa fecha como día del cuarteto.
Hace unos años el Perro habia organizado un encuentro de música latinoamericana que incluía, entre otros, a cantantes como Drexler, Los pericos, Jaime Roos, las Pelotas, y al cierre lo iba a hacer La Mona, algo que, finalmente, no se dio. Muchos hablaron de que no se podía mezclar el cuarteto con otros estilos musicales. ¿Qué lugar ocupa el cuarteto dentro del campo de la música popular?
Es que el Perro actúa claramente desde el prejuicio. También desde el sentido comercial que identifica a Jimenez con el cuarteto. Jimenez tiene un disco que se llama “Cuarteto es Jimenez, Jimenez es cuarteto”. Y el Perro se compra eso, pero ése es el cuarteto que le gusta a ciertos sectores. En un espectáculo de música latinoamericana sería más interesante llevar a La Fiesta o sería tan interesante como llevar a Jimenez. O llevar a La banda XXI o llevar a La Barra, que son además los que mantienen esta idea de orquesta, que es la raíz del cuarteto, no la idea del solista que es una idea pos de ruptura democrática. Sin embargo, Jimenez es lo que es y calzaría mejor en ese juego de ejemplos de música latinoamericana, donde están los chilenos, los peruanos, los uruguayos, los colombianos y los cordobeses. Los cordobeses son Jimenez y ahí queda reducida toda la cuestión. Además, convergen prejuicios de clase, que tienden a ver a Jimenez como lo típico, y por lo tanto, la esencia misma del cuarteto. Y el ojo comercial, porque Jimenez no es sólo una versión sino la versión más vendible. Poner a La Barra no nos haría a los cordobeses tan únicos y especiales. Y nadie se banca no ser único y especial.
(entrevista publicada en revista Matices - septiembre de 2011)